13 minutos, lo que yo pienso: Juan Javier Gómez Cazarín
Tengo que hablar de esto: la actuación de Bad Bunny, ayer domingo, en el medio tiempo del Super Bowl, sacudió a todos los latinos del continente. Sin ir muy lejos, esos cañales me recordaron perfectamente a los que hay por todo nuestro Veracruz.
El niño dormido en las sillas de la boda nos representó a todos, aquí y allá.
La participación de Lady Gaga y Ricky Martin, uniendo a Latinoamérica con Estados Unidos.
Y el simbolismo que yo vi (que a lo mejor es imaginación mía): el niño, una nueva generación latina que está dormida, se despierta cuando Bad Bunny le toca el hombro.
Cuando dijo “México”, muchas y muchos sentimos una emoción que casi nos hizo gritar y aplaudir.
En momentos muy difíciles, yo diría que dramáticos, para la comunidad latina en Estados Unidos, Bad Bunny enfatizó en 13 minutos el orgullo de ser latino y la fuerza de esta noble comunidad.
Asediados por el racismo más cruel, nuestros paisanos en Estados Unidos viven bajo un miedo permanente: tratados de forma brutal, sin derechos, sin poder exigir explicaciones, sin miramientos a su más elemental condición humana, como si fueran lo peor de la Tierra.
Ustedes saben que yo soy cumbiero. Pero música es música y respeto todas sus expresiones, aunque no acostumbre a escucharlas.
Y creo que lo de Bad Bunny, ayer en el Super Bowl, rebasa cualquier debate de género musical.
Espero, de corazón, que este manifiesto de Bad Bunny contribuya a doblar la curva, a empezar a crear conciencia en Estados Unidos de que el feroz embate contra gente de bien, trabajadora y decente, no tiene razón de ser, no tiene ninguna justificación moral.
Millones de personas lo vieron: si tan sólo impactara al uno por ciento, creo que podría contribuir a que el rechazo adquiera masa y sea cada vez más pesado en la balanza política de por allá.
Pd. Por cierto: al ganar Sam Darnold (ex vikingo, ahora jugador de Seattle) sentí que también ganaron mis Vikingos de Minnesota.
