Aprende el arte de des-aprender

Por: Pahola Alarcón // @departamento_mx

Te lo preguntas una y otra vez: ¿Qué debo hacer para demostrar quién soy realmente? ¿Cómo validar lo que hago como algo verdaderamente valioso? La mente, ese terreno fértil de incertidumbre, se convierte en nuestro hogar más cómodo para las dudas.

Sin embargo, entre cada cuestionamiento se asoma una verdad que, lejos de ser una duda, es una afirmación: la codificación en nuestro subconsciente de lo que tememos. Actuamos en modo supervivencia, creyendo que todo lo que nuestra mente susurra es una verdad inmutable.

 Y entonces, nos autodenominamos impostores.

Este impostor se encarga de mentir, de proyectar una imagen mejorada de lo que realmente somos, pero que tarde o temprano, según esta narrativa, será descubierto y nos llevará a la huida.

El síndrome del impostor es ese fenómeno psicológico que, a pesar de los logros y habilidades destacadas en nuestra vida, nos hace dudar constantemente de ser merecedores de nuestro propio éxito. Esta sensación se achaca muchas veces a la suerte, el destino o factores externos a nosotros mismos.

Se ha insinuado que este síndrome se manifiesta con mayor fuerza en entornos que exigen un alto nivel de excelencia. Pero, ¿acaso no está relacionado también con la implacable exigencia social de un sistema que gira en torno al capitalismo, la apariencia y la búsqueda incesante de la perfección?

Nuestras estructuras sociales están erigidas sobre un sistema injusto, sistemáticamente opresor, marcado por el racismo, el clasismo, la gordofobia y el machismo. La mayoría de los mexicanos, en algún momento de su historia, han sufrido algún tipo de discriminación.

¿Cómo encontrar nuestro lugar en un mundo así?

Los autores Clance e Imes fueron visionarios al identificar y conceptualizar el síndrome del impostor en su artículo de 1978, resaltando cómo afectaba principalmente a mujeres de alto rendimiento y describiendo sus características.

Las tres características más destacadas del síndrome del impostor, que afecta a personas sin importar su género, son:

  • Autoevaluación distorsionada: A pesar de tener pruebas y hechos tangibles que comprueban nuestra competencia, el impostor se menosprecia a sí mismo y sus éxitos.
  • Miedo al fracaso: Un temor persistente a ser descubierto o catalogado como incompetente lleva al impostor a evitar desafíos, procrastinando en la toma de decisiones.
  • Perfeccionismo: Establecer estándares extremadamente altos se vuelve una norma. El fracaso no es opción. Vivimos en constante estrés por alcanzar nuestras ilusiones, alimentando así el ciclo de sentirnos como un fraude.

¿Y si consideramos que a través de nuestra creatividad podemos desaprender lo que nos resta valor?

Julia Cameron, en su libro “The Artist Way”, propone que aceptar y abrazar nuestras imperfecciones es fundamental para reconocer el progreso y la evolución creativa. Si lo contextualizamos en nuestra situación actual, ¿cuántas veces el mero hecho de existir como minoría nos sitúa en una estadística que dicta “no lo vas a lograr”?

Es un discurso que ha perdurado a lo largo de generaciones, instilando miedo al fracaso. Al hacernos conscientes del poder de nuestra propia narrativa, descubrimos un efecto mariposa relacionado con nuestra capacidad de crear.

Creer en uno mismo, manifestar y ejecutar nuestras ideas, visiones y estructuras personales no es solo un acto de amor propio, es también un acto revolucionario. Desaprender nos lleva a crear desde lo nuevo, desde nuestro yo real y consciente, comunicando quiénes somos verdaderamente a través de nuestra creación.

Des-aprender se convierte en esa llave secreta que nos libera de las ataduras del autoengaño, permitiéndonos abrazar nuestra autenticidad y enfrentar el mundo desde la plenitud de nuestro ser. En el arte de des-aprender, encontramos la valentía de cuestionar lo arraigado, la fuerza para redefinir nuestras narrativas y la capacidad de crear desde la más pura esencia de quienes realmente somos. Es un camino desafiante, sí, pero repleto de la más hermosa autenticidad y libertad creativa que podemos alcanzar.

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