Miguel Hidalgo, lo que yo pienso: Juan Javier Gómez Cazarín

Más de 2 millones de personas al año visitan San Miguel de Allende, Guanajuato. Es lamentable que la mayoría no sepa que, a sólo 40 minutos de ahí, pero mucho menos visitado, está Dolores Hidalgo, una joya de la corona de nuestra historia nacional.

La cabecera de Dolores Hidalgo es una ciudad de 67 mil habitantes: más o menos del tamaño de Martínez de la Torre o San Andrés Tuxtla, pero con un clima muy diferente. El ambiente es seco y extremo. Las noches de invierno llegan a 6 grados. Pero también es un ambiente cargado de energía histórica y patriótica única.

No sé cuántas veces en mi vida he manejado las siete horas que separan a Xalapa de Dolores Hidalgo. No sé cuántas vueltas le he dado a sus hermosas calles históricas con una de sus nieves artesanales en la mano. Lo que sí sé es que mientras Dios me preste vida, seguiré yendo las veces que pueda.

¿Por qué? Porque el cura Miguel Hidalgo es la figura histórica que más admiro de nuestro país. Precisamente porque gracias a él podemos decir que México es “nuestro país”.

Siempre que visito la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, no puedo dejar de admirarme por estar en la misma escalinata (la iglesia no tiene balcón) desde donde el cura Miguel Hidalgo arengó a la población para levantarse en armas.

También he visitado su casa, que en esa época era la casa cural, donde tomó chocolate con Ignacio Allende y Juan Aldama; y donde dijo su famosa frase de “ir a coger gachupines”.

Hoy, 15 de septiembre, se conmemoran 216 años del inicio de la lucha por la Independencia y creo no debe ser sólo una fecha para comer pozole y ver El Grito en la tele. Es una ocasión para recordar quiénes somos y de dónde venimos. Es una fecha para reflexionar sobre los sacrificios que costó lograr nuestra Soberanía, la que hoy malos mexicanos quieren ofrecer al extranjero.

Yo siempre le digo algo a la gente que aprecio: antes de viajar por el extranjero, conozcan su propio país y su propia historia. Es hermosa, inspiradora, emocionante y muy aleccionadora. Creo, incluso, que para quienes militamos en la izquierda y amamos a nuestra Patria, es un auténtico ejercicio de formación política y humana.

P. D. 1.- Al rato, si Dios quiere, estaré en el Zócalo, para ser testigo de la segunda ceremonia de El Grito de la presidenta Claudia Sheinbaum: nuestra presidenta patriota que ni un solo día ha dejado de defender la Soberanía por la que lucharon Miguel Hidalgo y millones de mexicanos.

P. D. 2.- Y si van a Dolores Hidalgo, ya en la noche, se pueden recompensar con una visita a la cantina “El Incendio”, la más antigua del pueblo, donde José Alfredo Jiménez llegaba a echarse unas en la barra y encontrar inspiración para sus canciones, que a veces escribía en servilletas de papel. Ahí los atenderá mi tocayo Javier con unos buenos tequilas o un mezcalito y unas rolas de mariachi.

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